Se trasplantaron células pancreáticas modificadas genéticamente a un paciente con diabetes tipo 1 por primera vez. Estas células produjeron insulina durante meses sin que el paciente necesitara tomar inmunosupresores.
La tecnología de edición genética Crispr ha demostrado su potencial revolucionario en los últimos años: se ha utilizado para tratar enfermedades raras, adaptar cultivos para que resistan los extremos del cambio climático o incluso cambiar el color de una telaraña. Pero la mayor esperanza reside en que esta tecnología ayude a encontrar la cura para una enfermedad global, como la diabetes. Un nuevo estudio apunta en esa dirección.
Por primera vez, investigadores lograron implantar células pancreáticas editadas con Crispr en un hombre con diabetes tipo 1, una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca las células productoras de insulina del páncreas. Sin insulina, el cuerpo no puede regular la glucemia. Si no se toman medidas para controlar los niveles de glucosa por otros medios (normalmente, mediante inyecciones de insulina), esto puede provocar daños en los nervios y órganos, en particular el corazón, los riñones y los ojos. Aproximadamente 9,5 millones de personas en todo el mundo padecen diabetes tipo 1.
En este experimento, las células modificadas produjeron insulina durante meses tras su implantación, sin necesidad de que el receptor tomara inmunosupresores para evitar que su organismo las atacara. La tecnología Crispr permitió a los investigadores camuflar las células modificadas genéticamente para evitar su detección.
El estudio, publicado el mes pasado en The New England Journal of Medicine, detalla el procedimiento paso a paso. Primero, se extrajeron células de los islotes pancreáticos de un donante fallecido sin diabetes y luego se modificaron con la técnica de edición genética Crispr-Cas12b para que pudieran evadir la respuesta inmunitaria del paciente con diabetes. Se dice que las células así alteradas son «hipoinmunes», explica Sonja Schrepfer, profesora del Centro Médico Cedars-Sinai de California y cofundadora científica de Sana Biotechnology, la empresa que desarrolló este tratamiento.
Las células editadas se implantaron en el músculo del antebrazo del paciente y, tras 12 semanas, no se detectaron signos de rechazo. (Un informe posterior de Sana Biotechnology indica que las células implantadas seguían evadiendo el sistema inmunitario del paciente después de seis meses).
Las pruebas realizadas como parte del estudio registraron la funcionalidad de las células: las células implantadas secretaban insulina en respuesta a los niveles de glucosa, lo que representa un paso clave para controlar la diabetes sin necesidad de inyecciones de insulina. Se registraron cuatro eventos adversos durante el seguimiento del paciente, pero ninguno fue grave ni estuvo directamente relacionado con las células modificadas.
El objetivo final de los investigadores es aplicar modificaciones genéticas que camuflen el sistema inmunitario a las células madre —que tienen la capacidad de reproducirse y diferenciarse en otros tipos celulares dentro del organismo— y luego dirigir su desarrollo hacia las células de los islotes secretoras de insulina. «La ventaja de la ingeniería de células madre hipoinmunes radica en que, cuando estas proliferan y crean nuevas células, estas también son hipoinmunes», explicó Schrepfer en una sesión de preguntas y respuestas en Cedars-Sinai a principios de este año.
Tradicionalmente, trasplantar células extrañas a un paciente ha requerido suprimir su sistema inmunitario para evitar su rechazo. Esto conlleva riesgos significativos: infecciones, toxicidad y complicaciones a largo plazo. «Ver morir a pacientes por rechazo o por complicaciones graves de la inmunosupresión me frustraba, y decidí centrar mi carrera en el desarrollo de estrategias para superar el rechazo inmunitario sin fármacos inmunosupresores», declaró Schrepfer a Cedars-Sinai.
Si bien la investigación marca un hito en la búsqueda de tratamientos para la diabetes tipo 1, es importante destacar que el estudio contó con un solo participante, quien recibió una dosis baja de células durante un breve periodo, insuficiente para que el paciente ya no necesitara controlar su glucemia con insulina inyectada. Un editorial de la revista Nature también señala que algunos grupos de investigación independientes han fracasado en sus esfuerzos por confirmar que el método de Sana proporciona a las células editadas la capacidad de evadir el sistema inmunitario.
Sana buscará realizar más ensayos clínicos a partir del próximo año. Sin pasar por alto las críticas y limitaciones del estudio actual, la posibilidad de trasplantar células modificadas para ser invisibles al sistema inmunitario abre un horizonte muy prometedor en la medicina regenerativa.